Muchas veces no es muy claro cuál es el cometido de las personas en nuestras vidas. Para serte muy sincera todavía no tengo muy claro cuál era el tuyo en la mía, pero estoy segura de que no fue una pérdida de tiempo. Por mucho tiempo, me ha generado mucho estrés la posibilidad de no estar disfrutando mi vida por diferentes cosas, aunque en la mayoría de casos por miedo. Me da miedo el futuro, me da miedo fallar y fallarme, me da miedo que sea mentira lo bueno. Pero también sé que no importa cuántos resultados potenciales haya o qué tan baja sea la probabilidad de éxito, el valor esperado de ese escenario tan poco probable, tiende ser mayor al de la suma de todos los casos de fracaso… siempre que se actúe por las razones correctas.
Creo que ahí es donde más pudiste aportar. En convencerme de que incluso cuando el resultado es obvio, vale la pena saltar; vale la pena coleccionar recuerdos, vale la pena aprender, vale la pena insistir; tú vales y valiste la pena. Y definitivamente eso fue lo que me dio tanta rabia el día que me mandaste el mensaje. Me dolía la certeza de que todo había sido mentira. De que eras uno del montón que aprovechaba mi vulnerabilidad para sacar provecho cuando te repetí millones de veces que fueras honesto conmigo. Pero aún así, no me arrepiento de nada. Obvio, todavía me duelen muchas cosas (ambos sabemos que me heriste varias veces), pero creo que me merecía la oportunidad de apretar el acelerador, de gozarme eso que me podías ofrecer, de sentir lo que sentí. Intento quedarme con eso. Porque el problema no es ser vulnerable, el problema es dejar de vivir por miedo a que las personas tienen la capacidad de hacer daño.
Quedarse con las ganas no se siente lindo, y menos cuando es por miedo. Siento que hubo cosas que no permití que pasaran, y en este momento me pesan. Pero creo que no hay ni una cosa de las que hice, por la que sienta el mas mínimo sentimiento de arrepentimiento. No me arrepiento de haber dado mi 100, de haberme tragado el orgullo para volverte a ver, de haber caminado contigo cogidos de la mano, de haber confiado en ti, de haber sido terca y no escuchar consejo, de haber estado tragada incluso cuando tenía fecha (o fechas) de vencimiento, de haberte confesado que una canción me recuerda a ti… de decirte que te quiero. Porque es que cada vez que me veías con tus ojitos lindos, por más molesta que parecía que estuviera, despertabas demasiadas cosas lindas. Ojalá yo también haya llegado a ser una linda historia en tu vida, por lo menos un lindo recuerdo en ella.
Creo que en este punto, solo me queda agradecerte por todo. Por estos tres meses de vaivenes emocionales, por permitirme estar un poco mas presente en tu vida, por ayudarme a crecer en varios aspectos y permitirme superar traumas de otros cuantos. De que me dejaras conocer, a ti, a algunos de tus demonios, algunas de tus alegrías, de lo bonito que tienes el corazón. Sé que vas a empezar una vida llena de demasiados éxitos y cosas bonitas. Que vas a crecer y aprender demasiado. Que vas a cumplir tus metas, vas a sanar lo que te quede por sanar, que vas a ser infinitamente feliz. Recuerda siempre que acá dejas una persona, que antes que ser tu culito, buscaba ser tu amiga y que va a estar haciéndote barra desde lo lejos. Siempre voy a estar ahí para lo que necesites, si quieres hablar, desahogarte o distraerte (o chismear, obviamente). No puedo garantizar que no te vaya a jalar las orejas, pero, lo importante es que acá estaré y pretendo estar en tu vida tanto como tú me lo quieras permitir. Te deseo lo mejor, porque no mereces menos.
Te quiero,
Peque
Pd: No encontré una orquídea para que te llevaras, pero no se si alguna vez te conté que de pequeña soñaba con ser bióloga o algo a fin. Por esa razón tendía a coleccionar plumas. Ojala esta te recuerde la promesa que me hiciste, y que te permitas soltar el freno de mano.














